Celos


… Ante velas sobre candelabros de textura antigua y moldura moderna, sombras danzantes de mil y un formas se regozijaban en la habitación seducidas por el aroma a sándalo y jazmín desprendido por las velas. Con la ventana abierta, el viento se colaba sigilosamente con cautela, casi sin tocar aquel pequeño lucero que como un bailarín profesional exhibía sus pasos sobre el pavilo de las velas.
La luz de la luna se colaba cual intruso nocturno, sin opacar aquella opulencia y elegancia de la negra noche, misma que acompañada por nubes se hacía presente en las afueras de la habitación.
Una hoja de papel, una mano, pensamientos vagos y sangre como tinta, se organizaban creando un jugo de palabras en las sombras, para dar forma poco a poco a lo que un corazón reflejaba en ese momento.
Suspiro. Silencio. Miradas perdidas. Todos ellos elementos fundamentales de aquel texto que cobraba vida con cada recuerdo antecedido por la desquiciante calma total del lugar, gritando en silencio aquel papel, cada una de las confesiones generadas por un corazón egoísta y traducidas por una temblorosa ero segura mano.

“… Después de haberte amado toda una vida
No entiendo por que los has permitido vida mía,
Mira que terminar recuerdos con esta agonía
No me dejaste más motivos para esta cruel despedida.

Infidelidad, cruel verdugo de infinidad de amores,
Casualidad, lamentable infortunio y juego de azares,
Mi amor, un sentimiento egoísta de traidores
¿Acaso querías realmente un par de finales lúgubres?

Te rescate de la oscuridad dándote mi amor,
Y así también con tu traición te la puedo quitar,
Derramando la dulce vid del cuerpo sin parar,
Admirando por ultima vez de tus ojos su brillar.

Ahora lentamente el aire se te agota desesperadamente,
¿Acaso creíste que me engañarías fácilmente?
¿Podrías vivir con tus errores indefinidamente?
No lo creo, y aunque pudieras no soportaría verte con otra gente.

Libera tu alma corazón, que estés en la gloria,
Mientras el sepulcro vacío adorno en esta noche fría,
Admirando y consolando en el espejo al verdugo de tus días,
La viva imagen de quien te ama sin importar la lejanía,
Mientras tu aliento se desvanece al clavar más en la herida
Aquel objeto que algún día me dieras con el amor que de ti recibía,
Sorbiendo de una copa tu sangre que algún día sería,
La vid y la razón de existir de tus hijos; tu familia,
Nos veremos en la otra vida corazón, hasta entonces vida mía…”

Siendo la soledad la única testigo, aquel joven soltó aquella hoja de papel. Seducida por el suave viento fue ondeandose lentamente hasta caer al suelo, donde yacía inerte aquel bello cuerpo femenino de hermosa figura, con el rostro tranquilo y unos ojos que expresaban el horror en vida. El joven verdugo, se inclinó una ves más solo par acariciar ese frío rostro cadaverico. Un último beso sello la despedida formal. Se levantó y sin más salió de aquella habitación, dejando atrás su remordimiento, su vida, su amor, su todo…

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