Capítulo II. Indagaciones erróneas


Cuando el baile cesó, Lauren le sonreía con satisfacción. El clímax había entrado y se había ido con tranquilo acontecimiento y ahora que sólo las voces de los asistentes se escuchaban todo parecía diferente y quieto. Sus almas se habían vuelto cómplices de los tormentos que ambos sentían por cada una de sus penas y era necesario para Lauren que así permanecieran. Si lograba aquietar a su corazón, su mente terminaría siendo domada y el dolor amenguaría para que ella pudiera sobrevivir unos años más… Lauren le agradeció la velada y se despidió.
– Mi lady. Mi sed de sangre puede saciarla cualquiera. Sin embargo, evito aquél vicio fruto de mi condena – Ahriman se adelantó tomándola suavemente de su brazo y la dirigió hacia sí con cordialidad.– Haga que mi condena sea placentera, ¿Me acompaña? – Ahriman respiró profundamente y la miró a los ojos, esperando una respuesta.
Lauren estudió detenidamente al caballero, con cierta curiosidad por saber de qué se trataba todo aquello. Su delicadeza fría y vacía le hacían dudar, pero su ser pedía una oportunidad. Después de unos instantes, aun dudosa, aceptó y se tomó del brazo de su acompañante, quien la guió.
Salieron del salón sin prisas y atravesaron el pequeño atrio que actuaba como recibidor. Caminaron por el borde de la sala principal, algunas personas al ver pasar a la pareja sonreían saludándolos y elevando sus copas, como aprobando la compañía que se hacían el uno al otro. Ahriman se acercó a un mozo que se encontraba cerca de un pilar, casi seguro de que estaba hipnotizado por la manera torpe con que se movía, su silencio y su mirada perdida. Sólo tomó dos copas de champagne que llevaba sobre una bandeja de plata, dándole una a Lauren. Continuaron caminando sin cruzar palabra alguna, hasta llegar a un lugar que parecía común, a no ser por una entrada detrás de unas pesadas cortinas, por donde atravesaron saliendo a un pasillo.
Aquél pasillo era largo, tenía pilares a los costados y era una entrada alterna a la sala principal. El corredor estaba adornado por candelabros empotrados en las paredes, con algunos cuadros y escasas esculturas debajo de éstos.
Conforme avanzaban parecía que la luz huía, cada paso simulaba ser una puñalada a la luz cada vez mas fuerte provocando que ésta se extinguiera. El lugar era sombrío, desolado, denso. El sonido de los instrumentos que volvían a tocar se apagaba cada vez más. De pronto el silencio reinó el lugar. Ni una voz, ningún suspiro, sólo el eco de pasos ahogado en la pared. Llegaron hasta una puerta de roble con pequeños relieves en los bordes, unas mancuernas doradas, ya empolvadas por el paso del tiempo, la cual Ahriman abrió sin dificultad alguna. Al entrar percibieron un aroma a rosas casi imperceptible, y al ir adentrándose al lugar un claro de luz bastante tenue se abría paso a través de la oscuridad. Se encontraban en una antecámara. Las paredes tenían temas predominantemente guindas con algunos adornos dorados en completa armonía, los sillones de madera fina y estampados florales amueblaban el lugar junto con unas mesitas de color claro, y sobre ellas unos floreros de exquisito gusto con rosas casi marchitas, creando un ambiente solitario. El piso era de mármol con tapetes y alfombras lujosas. Remataban la habitación el techo en forma de bóveda y un candelabro enorme adornado con piedras preciosas.
Al costado izquierdo se encontraba una puerta que dirigía a un dormitorio, habiendo sido creado para la instancia de personas de la aristocracia, por cuestiones de comodidad, debido a que un viaje nocturno sería algo incómodo, preocupante y arriesgado a asaltos nocturnos, después de las reuniones aristócratas y ceremonias de alta alcurnia.
Aquél antiguo teatro había sido anfitrión de grandes sucesos como coronaciones de reyes, representaciones de obras teatrales a los nobles, conciertos de ópera y orquestas de reinos antiguos. Esta noche sería testigo de algo siniestro y sangriento, un festín vampírico.
Al final de la habitación se elevaba un majestuoso ventanal. Los cortijeros y sujetadores tenían una chapa de oro, las cortinas algo oscuras eran de seda fina con detalles de algodón. Detrás de aquél enorme ventanal se extendía un balcón, el piso de éste era mármol negro, el barandal que lo delimitaba era de piedra con relieves góticos y a los costados del balcón yacían como guardianes del recinto dos enormes gárgolas, en completa armonía con el exterior del teatro, una combinación de arte gótico y barroco. Ahí se encontraban dos sillones sencillos y una mesa bajita con mantel blanco bordado, lo que la hacía aparentar lujosa.
Desde el balcón se tenía una vista completa de la ciudad, que con la oscuridad de la noche y la luz lunar creaba una ilusión de una ciudad fantasma. La luna brillaba con un tono amarillento y el viento gélido de esa noche se hacía presente una vez más, sacudiendo de manera sutil la cabellera de Lauren. La música de la fiesta y algunas risas luchaban por no perderse en el abismo del silencio que ahora reinaba, mientras una pareja de jóvenes salía a la calle.
Ahriman vio su copa contra la luna, luego la dejó sobre la piedra dirigiéndose a Lauren.
– ¿Cómo es que me conoce, mi lady?, hasta ahora nadie sabía que soy un Morph. – hizo un leve guiño al tiempo que la miraba a los ojos.
– He oído hablar de usted últimamente. Se ha vuelto terriblemente difícil de evadir en las conversaciones – sonrió – demasiadas damiselas darían lo que fuera por estar en mi lugar en estos momentos, incluso podrían intentar quitarme del camino. Soy muy afortunada ¿no lo cree? – continuó hablando en tono sarcástico.
– Es la única en saber de mi origen – Ahriman se recargó en la piedra y su vista se perdió en la negrura del horizonte – es una dama muy inteligente, y además bella mi Lady.
– Eso es porque mi naturaleza no me permite ser ingenua. Y mi Lord… si trata de seducirme con champagne y una vista como ésta permítame decir que usted está perdiendo su valioso tiempo. – dijo con desenfado y algo que pareció indignación apareció por unos instantes en el rosto de Lauren. Acto seguido dejó su copa sobre la mesa para regresar a la fiesta.
– Si intentara eso, no escogería champagne y una vista lóbrega. Sólo quiero conocerla más. – él se quedó inmóvil mientras observaba la luna y escuchaba los movimientos de Lauren mientras se detenía en seco frente al ventanal.
– ¿Conocerme? – Giró de manera desafiante en dirección a Ahriman – Perdone, pero ¿qué interés puede tener en mí que no sea placer a juzgar por la necesidad masculina? – la sangre le corría estrepitosamente por las venas, su molestia incrementaba. Se sintió ofendida.
– Mi lady, usted sabe de mi pasado, de mi raza. ¿Qué más sabe? – Ahriman se volvió hacia ella cruzándose de brazos y dejando su copa intacta. Comenzaba a perder la paciencia y el hecho de que ella hiciera caso omiso a sus preguntas y a su verdadera intensión empezaba a desesperarlo.
– Eres el heredero al reino Morph, sólo eso. – respondió indiferente.
– ¿Quién más lo sabe? ¿Se lo ha dicho a alguien más? – preguntó con algo de presión en la voz.
– No. ¿Porqué tanto interés en algo así? El hecho de que te hayas vuelto ineludible en las conversaciones no tiene significado alguno para mí que haya podido obligarme instintivamente a investigar sobre los tuyos. – sonrió despreocupada y se acercó a él mirándolo a los ojos. Ahriman se perdió en el abismo de aquellos ojos grises y sintió como si la gárgola detrás de ella se desprendiera de sus cimientos y se abalanzara sobre él. Sufrió un leve mareo. Su dieta consistía en sangre, carnes rojas y algo de vino, pero semanas antes había renunciado a sus hábitos vampíricos viviendo sólo de agua, vino y algunas frutas, dejándolo débil. Escuchó leves risas provenientes de la puerta del teatro, se percató que eran los jóvenes que habían salido momentos antes.
– Hay alguien que desearía estar en su lugar justo ahora, sabiendo lo que sabe y empuñando un arma lista para serme clavada – la miró con intriga, esperando alguna reacción delatadora. Pero no sucedió.
– ¿Porqué? ¿Qué daño le has causado? – Lauren se cruzó de brazos con indiferencia. Cerró unos instantes sus ojos, como recordando algo o a alguien. Ahriman simplemente dedujo que ella trataba de sentir la brisa en su rostro y la contempló mientras hablaba.
– En sí, el daño se lo hicieron los suyos. Pero hasta que yo muera por su espada podrá descansar, y usted puede ayudarme a que eso no suceda – bajó la mirada cuando Lauren abrió los ojos abruptamente como un felino al sentir a su presa rondando a su alrededor.
– ¿Y supones que yo conozco a ese ser o que puedo evitar dicha batalla? –
– Al menos sabré si el exterminador lo sabe – Lauren se sintió algo incómoda al escuchar esas palabras.
– Bien, hasta ahora no había hablado con alguien de esto, por lo que de mí nadie lo sabe.  Lo que yo escuché bien podrían ser sólo rumores de una información distorsionada o mal infundida entre seres que nada saben del asunto. Pero podría ayudarle.
– Se lo agradezco, Lauren. Pero es raro que simplemente me ofrezca su ayuda así nada más. – Ahriman no creía lo que escuchaba y su sentido de alerta le hizo desconfiar de tan repentina amabilidad.
– Cierto. Yo podría hacer que investigaran la fuente de tan peligroso comentario y entre otras cosas esas pistas podrían guiarnos hasta su perseguidor. Pero antes deberás contarme qué sucede. No me agrada la idea de haber ofrecido mi ayuda sin saber a qué nos enfrentaremos y detesto la idea de tener un exterminador buscando por mí – suspira tras una leve sonrisa – ¿Aceptas la condición?
– No confío en extraños, mi Lady, así que le contaré mi historia si me cuenta usted la suya. Una damisela como usted debe ser un mar de secretos. – la miró a los ojos esperando una respuesta.
Lauren asintió en silencio y tomó asiento en espera del relato. Ambos bebieron de sus copas y Ahriman comenzó a relatar su historia.

by Laura Trinidad
and Jorge Ocaña

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