Capítulo III. Lo que fue olvidado


La noche era completamente mágica y el viento ululante, las estrellas difundidas en el cielo y la luna gótica creaban un escenario de soledad, misterio y agonía, en donde sobresalía la voz de Ahriman distanciándose de cualquier otro sonido.
– Provengo de un lugar llamado Sargoria Nergrot; un sitio inhóspito, desolado y casi olvidado por todos – Sonrió discretamente recordando aquél lugar – Los días eran siempre nublados y oscuros, todo lo verde era negro, y había un clima tan frío que ningún mortal resistiría.
– Claro, la antigua jerarquía. Sargoria es una ciudad de Dioses y … – Ahriman la interrumpió.
– Llamaban Dioses a los de mi raza por su inmortalidad condicionada y excelente manejo de los elementos y sus fusiones, como el matram. Además de ser maestros en la alquimia. – Suspiró – Mi padre fue el mejor, él fue mi maestro.
– ¿Qué sucedió? – Lauren parecía intrigada con lo que parecía avecinarse en la conversación. Los recuerdos no la soltarían hasta que ella aceptara el futuro incierto que ahora se presentaba bajo la forma de un atractivo caballero escondiendo tras su tranquila mirada un sinfín de misterios. Su alma deseaba salir corriendo, pero ella se mantuvo firme pese a todo y en un gesto mecánico bebió de su copa y lo miró atentamente. Como si el universo conspirara, recordó a su padre hablarle y al mismo tiempo el eco de una voz que gritaba su nombre con odio. Lauren aclaró sus pensamientos y se obligó a concentrarse en el hombre que estaba frente a ella, se dejó enamorar por su voz.
– Una noche mientras todo el reino dormía los exterminadores arribaron al lugar en blancos pegasos – Ahriman respiró profundamente mirando la luna para ahogar el dolor con el placer de aquella noche – La batalla llevaba siglos, una lucha constante que debatía qué raza debía ser exterminada pues según ellos no había lugar para nosotros en este mundo. Pero ésa sería la penúltima batalla entre nuestras razas.
– ¿Hace cuánto tiempo sucedió? – preguntó Lauren con tranquilidad, tratando de comprender.
– Alrededor de 460 años humanos.
– ¿Y usted también salió a defender?
– Sí, tenía sólo 6 años Morph, 18 para los humanos. Ya sabía pelear con magia y armas – se detuvo para beber de su copa – Ayudé a mi padre quien defendió el reino a toda costa, pero no pude ayudarlo a salvarse, ni a mi madre.
– Era joven, inexperto. No podía evitarlo usted solo.
– En realidad fue suicidio, mi Lady.
Lauren lo miró sorprendida. Una vez más todo no terminó como a ella solían contarle esas viejas historias. Aun recordaba el calor de su padre y su cálida voz al contarle historias de reinos perdidos y valles lejanos. Una historia similar a la de sus padres que terminaría perdida en el tiempo y las memorias de todos los que alguna vez supieron de su existencia.
– Muchos Morphs habían muerto, el castillo estaba invadido y la cámara real acorralada, mi padre era el único que podía hacer que regresaran todos. Pero no lo hizo. Llamó a un guerrero de Wyvern, me entregó a Diabolum y me dijo que yo era el único que podía hacer que regresaran todos los de mi raza, pero debía obtener la espada de los exterminadores; Cernius, y derrotar a los guardianes de Nergrot. Aun recuerdo el delicado aroma de mi madre y sus labios besando mi frente segundos antes de que el jinete me sacara del lugar al que ya no pude volver. Desde entonces una persecución se ha llevado a cabo buscando mi muerte.
Una vez estando lejos del lugar, miré hacia atrás y vi cómo una gran energía negra cubrió el reino. Quedé perplejo, tanto que no me di cuenta que el jinete estaba herido gravemente y los ángeles que nos perseguían habían caído. En un aterrizaje forzoso las últimas palabras del guerrero fueron “…Tres poderes unidos y separados entre sí… Búscalas…La esencia de Cernius nos mata… fusiónalas… vence a los guardianes… nuestra raza jamás caerá” – Ahriman bebió de su copa y guardó silencio. Lauren había escuchado con atención, miró la luna y a la pareja de jóvenes que permanecía en la entrada del recinto – mi Lord, ¿sabe quién posee a Cernius? ¿Lo conoce?
– ¿Qué si lo conozco? – Reprimió Ahriman con ironía – Es un ser que vaga como anónimo, solitario. Que se encuentra en la misma situación que yo.
– Algunos preferimos el anonimato, eso no me sorprende. Pero, ¿ya lo ha visto?
– No sólo verlo, han sido las batallas más arduas que he tenido. Podría decirse que somos gemelos, a no ser por nuestras razones opuestas de vivir; Él extermina y yo lucho por sobrevivir.
– Siempre habrá alguien opuesto a nosotros, algunas veces creado de nuestra propia costilla. Es difícil acabar con una parte de nuestro ser. – Se volvió lentamente hacia Ahriman – Principio de dualidad. – sonrió coquetamente al contraste de su mirada triste y vacía. Ahriman hacía un esfuerzo por comprender los cambios drásticos en Lauren, una vez sutil y delicada y otras segura y confiada, lo que le daba un aspecto de elegante agresividad sin mostrarse impaciente por atacar.
– ¿Me contará de usted mi Lady? – apremió con un intento bien logrado de acabar con el silencio entre ellos.
– Hija de Lord Heyduk: el Dios Soberano y Terrible. Dios de Istria Guerna; un lugar tranquilo y de gente pura. Fue el centro de poder y educación de muchos reinos. Y a pesar de su armonía, era bien sabido que siempre sería un lugar difícil debido a todo lo que el mismo reino representaba, pero para mí era perfecto por ser hija de quien era. Amaba todo en ese lugar, ya había conocido el mundo pero ese siempre sería el lugar perfecto para mí, hasta que una noche todo cambió. Alguien había llenado de ideas al mago superior de los consejeros reales y eso había manchado su alma. Aquél que un día juró lealtad al reino de Istria y a su Dios, ahora se revelaba contra mi padre porque deseaba el reino y todo lo que era para él mismo. Según él, era momento de que Istria cambiara de Dios y en un ataque cruel, despiadado y cobarde él y sus aliados destruyeron a mi padre.  Desde ese momento yo me convertí en el objetivo, el mago sabía que yo era la única con poder y autoridad para entregarle el reino como debía ser: Él necesitaba ser un Dios.
En el arte de la magia y la defensa yo no era un ser experimentado. Era demasiado joven para intentar cualquier cosa y a pesar de la lucha que enfrentaron con quienes aun servían al reino y la realeza no fue difícil para ellos tomarme prisionera.
Los años pasaban y el paso del tiempo beneficiaba a mis raptores y al autor que deseaba el reino. Tras intentos fallidos por coronarme como nueva Diosa debido a mi edad, desistió de su plan por convertirse en Dios  y se conformó con gobernar Istria con el poder que ya tenía. El tiempo, como todo lo demás seguía su curso, hasta que yo tuve el valor suficiente para hacer algo. Aun era demasiado joven pero mi inocencia y aparente ignorancia de lo que ocurría a mí alrededor lograron limar asperezas y doblegar los egos de unos cuantos guerreros obligados a servir al mago; uno de los más jóvenes juró servirme en secreto. Su nombre era Damnyell, él me mostró todo cuanto sabía de magia, armas, ciencias y defensa. Mi juventud llegó y los cambios ocurrieron; la experiencia por fin era mi arma, el tiempo a mi favor comenzaba a correr en mi contra y los siete caballeros que poco tiempo después de Damnyell juraron servirme me aconsejaban recuperar el reino antes de que fuera demasiado tarde. El mago contaba los días para obligarme a convertirlo en Dios junto conmigo, el momento en que mi tiempo se detendría estaba por llegar.
La noche en que salí del castillo que era como mi celda, todo aconteció demasiado a prisa para recordarlo con detalle. El mago había descubierto mi romance con Damnyell, y sin que nadie pudiera intervenir lo alejó de mí para siempre. Me obligaba a desposarlo o el reino se perdería para siempre sin un nuevo Dios. Yo preferí que todo se perdiera en nuestras memorias antes que entregarle un poder y un reino a un ser que no lo merecía. Utilicé todos mis conocimientos, mi coraje por mi amado, el dolor de la muerte de mi padre, la ira por tener que abandonar todo lo que un día conocí y hundí el reino en las cenizas del mago.
– Puedo comprender tu dolor, Lauren. – Ahriman no había dejado de observarla; la manera en que se movía su cabellera por el acto del viento, sus labios rojizos que se movían al tiempo en que materializaban una voz fría y sin embargo cálida. Su gélida palidez que se iluminaba con los rayos de la luna. Podía imaginar el dolor que había en su alma, pues él también lo sentía. Era una complicidad que iba más allá de las palabras. ¿O era su belleza quien lo hechizaba? A un tiempo parecía viva, y al otro su belleza se inmortalizaba.
Gritos de horror rompieron el silencio. Una regla que se rompía. Ahriman y Lauren se incorporaron rápidamente como si despertaran de un sueño, se miraron fijamente unos instantes y Lauren dijo algo en una voz tan baja que Ahriman no comprendió. Tomó su capa y se encaminó apresuradamente hacia el salón principal. Ahriman la siguió en el acto.
– Es hora de irse – exclamó Lauren mientras se ponía la capa sin detenerse siquiera a dirigirle una mirada a su compañero. Atravesaron el atrio nuevamente. Jóvenes ebrios se encontraban a su paso tratando de salir a toda prisa y con paso torpe.
– ¿Cuándo volveré a verla? – Ahriman le seguía el paso a Lauren tratando de caminar a su lado, pero ella no se detenía.
– No es el momento para hacer citas, Ahriman. – Lauren deseaba salir del lugar sin contratiempos. Llegaron a la puerta principal donde un caballero vestido de negro y cuyo rostro se ocultaba bajo la sombra de la capucha de su capa, la esperaba. El ser era alto y fornido como un roble. Pasó su brazo por la espalda de Lauren en signo de protección y la guió hacia la salida.
Ahriman se apresuró a alcanzar a la pareja.
– Espere mi Lady, por favor. Es necesario volver a verla. Vaya a mi castillo en dos semanas. Habrá una reunión con mis caballeros – El acompañante de Lauren se enfrentó a Ahriman. Y con voz grave y amenazante le dijo que era hora de irse. Sus ojos brillaron en la oscuridad. Lauren se adelantó, ordenando al caballero esperar.
– Las criaturas de la noche, somos seres solitarios. No prometo una nueva cita, pero haré lo que esté en mis manos. Fue una agradable velada Lord Ahriman. – Lauren miró a su acompañante, asintió en silencio y salieron de ahí apresuradamente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s